Sobre ‘Atlantide’

Atlantide
Yuri Ancarani
Italia, Francia, Estados Unidos, Catar, 2021

La bella y sorprendente constatación de que los canis habitan la tierra y el mar. Qué bonito llegar a Venecia de noche en una lancha biplaza rebosando graves y leds.

Tres estrellas (y pico recortando el final).

Sobre ‘La isla de Bergman’

La isla de Bergman
Mia Hansen-Løve
Francia, Bélgica, Suecia, Alemania, México, Brasil, 2021

Un homenaje al director desde la ridiculización de los productos derivados, efectos secundarios, síndromes postraumáticos y otras secuelas de la Factoría Bergman.

Tres estrellas.

Sobre ‘Canto Cósmico. Niño de Elche’

Francisco Contreras en el estreno de 'Canto Cósmico. Niño de Elche', SEFF 2021, Sevilla (Manuel Manolo, 2021) - ED220313

 


Canto Cósmico. Niño de Elche
Marc Sempere y Leire Apellaniz
España, 2021

Suerte de ciclo inconcluso, innecesario e interesante de psicoterapia casual: interesante, para los no fanáticos aficionados a la psicología, por la transparencia con la que Francis deja ver el potaje de padre, madre, sexo y muerte que hierve en su cabeza; innecesario como todas las sesiones de psicoanálisis que los artistas sin cosas que decir presentan como obra; e inconcluso porque le queda diván por delante. En lo artístico destacan, entre otras ajenas que contextualizan caprichosamente a Paco, tres piezas del propio Niño de Elche. Todas igualmente patológicas, en las que de un modo sublime -incluso catártico- Francisco Contreras rinde cuentas con su familia en general, con su madre en particular y consigo mismo por encima de todo. En cualquier caso y sea como fuere cuando canta se abre el cielo.

Tres estrellas para psicológicos y morbosos, dos para todos los demás.

Sobre ‘Passion’

Passion
Maja Borg
Suecia, España, 2020

Homología entre BDSM y Cristianismo: poder, culpa y sanación.

«Nacemos con el anhelo de volver.»

«Romperme hizo que pudiera entrar la luz por mis grietas.»

«Habla desde las cicatrices, no desde las heridas.»

Tres estrellas.

Sobre ‘Storm’

Storm
Jesús Ponce
España, 2021

Otra oda mal empaquetada al perder mal entendido. Humildad patológica la del sur. Javier García Pelayo, genio, figura y encargado del chiringuito en la caduca y sofocante primavera hibernal que es Sevilla.

Una estrella.

Retratos Presidenciales (España 1976~2021)

Manuel Manolo - Retratos Presidenciales (España, 1976-2021) - (2021) - ED210909

 


 

Manuel Manolo - Retratos Presidenciales (España, 1976-2021) - Pedro Sánchez - Pedro Sánchez el Increíble (2021) - ED210812

 


 

Manuel Manolo - Retratos Presidenciales (España, 1976-2021) - Mariano Rajoy - M.a.r.i.a.n.o. R.a.j.o.y. (2021) - ED220703

 


 

Manuel Manolo - Retratos Presidenciales (España, 1976-2021) - José Luis Rodríguez Zapatero - Zapatero el Último (2021) - ED210812

 


 

Manuel Manolo - Retratos Presidenciales (España, 1976-2021) - José María Aznar - Aznar el Valiente Aznar (2021) - ED220703

 


 

Manuel Manolo - Retratos Presidenciales (España, 1976-2021) - Felipe González - Presidente ex-Felipe González (2021) - ED210812

 


 

Manuel Manolo - Retratos Presidenciales (España, 1976-2021) - Leopoldo Calvo Sotelo - Calvo Sotelo, Leopoldo, echole el toldo (2021) - ED220703

 


 

Manuel Manolo – Retratos Presidenciales (España, 1976-2021) – Adolfo Suárez – Quitamanchas Suárez (2021) – ED210823

 


Retratos Presidenciales (España, 1976~2021):

– Presidente Adolfo Suárez González, desde 1976 hasta 1981.
– Presidente Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo, desde 1981 hasta 1982.
– Presidente Felipe González Márquez, desde 1982 hasta 1996.
– Presidente José María Aznar López, desde 1996 hasta 2004.
– Presidente José Luis Rodríguez Zapatero, desde 2004, hasta 2011.
– Presidente Mariano Rajoy Brey, desde 2011 hasta 2018.
– Presidente Pedro Sánchez Pérez-Castejón, desde 2018 hasta cuándo.

Lorem ipsum dolor sit amet

Manuel Manolo - Lorem ipsum dolor sit amet (2021) - ED210606

 


Loren ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Nulla efficitur neque justo, vel blandit ex porta vulputate. Praesent a sodales enim. Cras commodo ligula ut libero dictum aliquam. Quisque id lacus id est dictum ultricies. Integer quis luctus turpis. In pharetra ullamcorper tempor. Aenean odio lectus, vestibulum a ullamcorper ac, semper a tellus. Vivamus id orci sed metus condimentum vestibulum. Fusce vitae leo sit amet lectus aliquet rhoncus. Quisque id ligula ac elit tincidunt scelerisque sit amet eu felis. Maecenas accumsan gravida dui.

Aliquam erat volutpat. Donec molestie, turpis a tempus pretium, urna magna sollicitudin neque, ac lobortis orci elit ac diam. Vivamus sodales, mi placerat finibus tempus, ipsum quam porttitor metus, placerat eleifend leo libero facilisis arcu. Mauris ullamcorper nulla quis nisi ornare, quis ullamcorper risus ornare. In hac habitasse platea dictumst. Curabitur ut nunc tellus. Nullam iaculis molestie mi, id consectetur enim fringilla commodo. Morbi nec velit nulla. Proin felis nisi, eleifend et arcu quis, semper aliquam enim. Curabitur sodales in diam posuere maximus. Etiam lobortis cursus magna sed rutrum. Fusce accumsan sem eleifend, posuere leo ut, dapibus lectus. Sed porta fermentum orci egestas feugiat. Sed malesuada, velit in tempor consectetur, mi lacus elementum massa, in pulvinar elit massa sed nunc. In lacus ipsum, vestibulum ac cursus quis, fringilla a ex. Sed consectetur orci magna, vitae sodales elit maximus ut.

Morbi eu mollis tortor. Proin vel pulvinar ex. Etiam sapien eros, pulvinar vitae luctus id, aliquam eget risus. Class aptent taciti sociosqu ad litora torquent per conubia nostra, per inceptos himenaeos. Etiam lobortis volutpat ultricies. Integer ultricies augue at sollicitudin semper. Sed gravida scelerisque libero, id eleifend lectus pellentesque in. Nullam efficitur interdum elit dignissim blandit. Fusce sapien quam, dapibus vel odio non, dapibus placerat quam. Cras finibus nisl in sem sodales, at fringilla ex scelerisque. Cras mattis a sapien quis feugiat. Integer fringilla dictum facilisis.

No más concursos para ayudas sin ayudas para concursos

Ideas a propósito de las ayudas concursales al sector artístico en marcos de emergencia social:

0. Definiciones

CONCURSO
nombre masculino

    1. Prueba o competición en la que uno o varios candidatos rivalizan por obtener un premio.
    2. Procedimiento de selección para cubrir un puesto de trabajo que se adjudica en vista de los méritos o condiciones personales y profesionales de los aspirantes

AYUDA
nombre femenino

    1. Acción que una persona hace de manera desinteresada para otra por aliviarle el trabajo, para que consiga un determinado fin, para paliar o evitar una situación de aprieto o riesgo que le pueda afectar, etc.
    2. Persona o cosa que ayuda o sirve para ayudar.
    3. Líquido que se inyecta en el intestino por el ano con fines laxantes, terapéuticos o analíticos.

Ceñidos a las propias definiciones no debe extrañar que una ayuda concursal acabe convertida en una  «prueba o competición en la que uno o varios candidatos rivalizan por ser inyectados analmente con fines laxantes, terapéuticos y analíticos».

1. Un museo no es un banco de alimentos

Atribuir a un museo y sus responsables tareas propias de Asuntos Sociales es una solución, además de transversal, atravesada. Ni la propia estructura funcional del ente, ni las competencias de las personas que colorean su organigrama, facultan a una institución cultural  para  el desarrollo de ningún tipo de plan contra la exclusión social.

2. La autoexculpación del perdedor concursal es un acto de supervivencia

La competición regida por criterios ajenos no objetivados desagrada al ser humano medio, pues obliga a un esfuerzo comparativo que acaba poniendo en cuarentena pública la autoestima del grueso de los  participantes. Por ello es de esperar que quien habiendo asumido el riesgo de confrontarse acaba perdiendo el premio al que opta tienda a responsabilizar a la organización del certamen, o incluso a los ganadores del mismo, de su propia derrota, pues saberse culpable además de perdedor no hay cuerpo que lo aguante. Los alborotos que ocasionan las listas de perdedores deben ser entendidos como actos de supervivencia. Y la bulla aumenta cuando el premio al que se opta obedece a una necesidad social con carácter de emergencia.

3. Ayuda pide quien no pueda darla

Todos tenemos un precio, pero lo barato sale caro. La dignidad no se mide en metros cuadrados.

Conclusión:

Dicen que en España hay tres tipos de artistas vivos: los funcionarios del Estado, los dinásticos y los que se van a vivir con alguno de los anteriores. Por si esto fuera cierto, para el bien, autonomía e independencia de nuestros artistas, exigimos mejores convocatorias de concursos para ayudas, mediante el empleo de los dineros públicos destinados a tales efectos en ayudas para concursos, con el objeto de desarrollar las bases y procedimientos oportunos en cada caso que permitan futuros desenlaces concursales, tan efectivos, generosos y repartidos como una pandemia.

 


Sobre ‘Secretos de un matrimonio’ (Miniserie)

Secretos de un matrimonio (Miniserie)
Ingmar Bergman
Suecia, 1973

Lo que pudiera parecer una pareja avanzada esconde a dos egoístas con roles complementarios. El modo desahogado de relación con el resto da prueba de ello. De aquellos polvos estos lodos.

Cuatro estrellas para los estrellados.

Por el fin del Estado de Alarma

Por el fin del Estado de Alarma:

En base a los datos registrados en todo el mundo sobre la incidencia del nuevo coronavirus en la salud de la población, que coinciden con los ofrecidos por los organismos competentes de nuestros país, España, se puede afirmar que el nuevo virus no ataca de un modo alarmante —léase letal— al grueso de la población y sí a grupos concretos de individuos con déficit inmunitario. Estos son, mayores de 65 años y personas con enfermedades respiratorias, cardiovasculares, renales o autoinmunes.

Si decidimos obviar todo cuanto nos ocupaba y preocupaba el día 8 de marzo —por poner una fecha— y eliminamos cualquier propósito que no sea frenar lo imparable, es (casi) cierto que aislándonos a todos quedan aislados los grupos de riesgo, y por lo tanto la COVID-19 matará con menos alegría, pero también es innegable que paralizar a un país acarreará importantes consecuencias de índole económico, social, cultural y también sanitario en el futuro inmediato, que deberían ser tenidas en cuenta para definir una estrategia que logre matar a un virus sin rematar al país.

Por ello solicitamos al Gobierno de España que, sin miedo a lo inevitable, replantee las medidas generalistas acometidas hasta la fecha bajo el estado de alarma, teniendo en consideración tanto al presente conocido como al futuro previsible, con un plan de actuación segmentado acorde a los datos médicos de los que se disponen, más proporcional y responsable con el medio y largo plazo del conjunto de la sociedad, y necesariamente más complejo que inducir al coma a nuestro país.

Estas medidas pasarían por aislar sólo, pero de un modo aún más estricto y controlado, a todas las personas pertenecientes a los grupos de riesgo, posibilitando al resto de la sociedad liberada colaborar en ese propósito sin abandonar el barco del día a día que ha de seguir manteniéndonos a flote. Esta diferenciación permite además algo fundamental como es evitar el contacto entre las personas en preventiva sin fianza y quienes disfrutan de la condicional —los mayores vectores de contagio—, que a día de hoy duermen bajo el mismo techo. No se sugiere abandonar a nadie a su suerte, sino proteger más y mejor a quienes hoy son verdaderamente vulnerables, sin olvidar a quienes mañana, por causas derivadas, podrían serlo.

Desafortunadamente seguiríamos contando muertos, desafortunadamente los recursos médicos del sistema de salud seguirían siendo insuficientes, y desafortunadamente los gobernantes seguirían preocupados de lo que parece y no de lo que es, sin ofrecer ni demandar al enjambre la madurez social y humana que una situación como la actual requiere. Pero afortunadamente, permitiéndonos empujar a quienes podemos y queremos desde el ejercicio de la libertad solidaria —léase responsabilidad—, quizá evitemos otra década de España entubada.

 


Fernando Francés, no te vayas, quédate

La escena política nos tiene acostumbrados a personajes aparentemente discretos, prudentes, correctos, solícitos y amigos de sus amigos. Pero la común y sospechosa habilidad que les une de saber decir en cada momento lo que se quiere oír, descubre lo que son: seres anodinos, pusilánimes, hipócritas, oportunistas y, efectivamente, sólo amigos de sus amigos. En definitiva, una pandilla de suavones sin más logros que los fracasos de sus adversarios.

Fernando Francés (Torrelavega, 1961), el todavía director de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales y secretario de Innovación Cultural y Museos de la Junta de Andalucía, no es nada de eso: desconoce la discreción y se quiere lo suficiente como para no renunciar a sus defectos; no es prudente ni cobarde, más bien temerario e invasivo; sus formas llegan a ser toscas como las del corgi más joven de Buckingham; en vez de esperar su oportunidad, corre hacia las que se inventa; y muy probablemente no tenga ni muchos ni buenos amigos. La persona que ha conseguido que en Andalucía se hable de arte contemporáneo —lo cual no es decir demasiado—- es algo bastante peor que la mayoría de los peleles que habitan las instituciones públicas: Fernando Francés es un hombre de negocios (a quien parece ser que le gusta el arte). Es decir, alguien que habla con soltura el innoble lenguaje del capitalismo (del que todos con mayor o menor disimulo nos beneficiamos) y que no le basta con practicarlo en la intimidad, sino que, con el furor y sin el recato de un novillero viejo, lo airea allí donde va.

Pero ¿no es de «capitalismo» de lo que adolece el arte en Andalucía? ¿No es la falta de mercado la gran queja de quien quiere vivir del arte? ¿No es la escasez de demanda la que ahoga al artista que además de crear persigue vender lo que produce? ¿No es negocio lo que urge?

Reconocer esta debilidad mercantil afea sin duda la esencia del arte, y superarla con cierto decoro no es tarea fácil para quien persigue precisamente escapar de lo mundano. Hay quien la reconoce a la par que la evita, posibilidad reservada tradicionalmente a un grupo de acomodados, y a otro, más reducido, de artistas dispuestos a gastar todas sus vidas en la quimera de encontrar lo que buscan, sabedores de que ningún romántico murió con dinero en los bolsillos. Pero negarla sin más es esconder a un muerto debajo de una alfombra. ¿Cuánta más precariedad hace falta para descartar la beca, el concurso, la ayuda y otras mordazas para artistas siempre emergentes, como modelo de desarrollo de un sector, en Andalucía, tan productivo como pobre? Los artistas que quieran profesionalizarse —por necesidad, afán económico o antojo— necesitan consumidores. Así funciona el comercio. Sin embargo, las políticas culturales ejecutadas hasta la fecha sólo han dado palmadas, palmaditas, turistas y selfies.

Fernando Francés —«el cántabro» para los enemigos— era y es, a falta de alguien mejor, la pequeña posibilidad de dinamizar la estructura cultural andaluza desde una perspectiva de negocio, para favorecer la creación y el desarrollo de un nuevo mercado del arte integrado en el día a día de los ciudadanos como consumidores. Una fea tarea que, afortunadamente, no es incompatible con el fomento del arte atendiendo a otros criterios —históricos, sociales, técnicos o estéticos— más elevados, pero no tan urgentes como los relacionados con la propia subsistencia de los protagonistas vivos de la cultura que todos disfrutamos.

Sin embargo, hemos quemado a nuestro hombre, y hay que reconocer que sin su inestimable ayuda hubiese sido imposible: como si de un ejército de Fernandos Franceses se tratara, ha invadido cuantos espacios ha querido sin apenas resistencia; en demasiados ha entrado hasta la cocina, y ha acabado cocinando para quienes calcularon que el pan de hoy podría quitarles el hambre de mañana; después ha tratado de cambiar las cerraduras de sus conquistas para entrar y salir con pocas explicaciones; y aún no conforme, nuestro hombre ha dejado un amplio registro gráfico de sus hazañas y empresas, ocupando el epicentro de cada foto disparada en sus incontables batallas. Sin duda, su exposición ha sido de tal magnitud que ha eclipsado a todas las demás. Por su parte, los artistas —unos convencidísimos de cada sospecha, otros abducidos por la posibilidad, y todos desbordados por lo excepcional—, se han creído en la obligación de echar leña al fuego, posicionándose a favor —los menos escrupulosos— o en contra —los más aprensivos— de las flaquezas, virtudes y otras conjeturas de alguien que no deja de ser una pieza más —poco estética pero necesaria— dentro del sector. Ni «el culpable de todas las penas» de esa España aconfesional a la que tanto le gusta la moralina, ni el nuevo Mesías para quienes anhelan la tierra prometida. Tanto más pequeño cuanto más alta la mirada.

En suma, sugiero contextualizar, entender y aceptar el papel de cada actor implicado en la realidad del arte, en base a las circunstancias, recursos y necesidades del momento que vivimos. La coordinación, o al menos el respeto, entre todos los planos —más y menos bellos— es esencial para el completo desarrollo del sector. A los políticos les pido sólo que intenten no molestar. Ojalá el quemado Fernando Francés tenga una pronta recuperación; si está a tiempo de retirar su dimisión, que lo haga: marcharse no es más digno que resistir defendiendo una verdad (si se tiene). Y a los ARTISTAS —la única evidencia real de vida en la Tierra— os deseo lo mejor, es decir, que sin comprarlo os toque a todos un cupón.

París, 12 de agosto de 2019

PS. Este artículo no se complementó con la replica a Elena Vozmediano, la única persona que se ha atrevido a informar con seriedad y todo el rigor posible sobre las andanzas de Fernando Francés. Concretamente no respondo al artículo titulado «Aceleradores de incendios» —quizá el más personal y menos periodístico de su serie— para señalar la inconsistencia de fondo de la recopilación de argumentos que pretenden justificar el deseado cese de «el cántabro».