Sobre ‘Licorice Pizza’

Licorice Pizza
Paul Thomas Anderson
Estados Unidos, 2021

Por rápido que la vida cambie de película el amor corre a perseguirla como si en ello le fuera la vida.

Casi cuatro estrellas, caprichos de autor y un beso.

Sobre ‘El amante doble’

El amante doble
François Ozon
Francia, 2017

La ciencia resolviendo in extremis una fantasía patológica, como la irregularidad de Ozon. Salvemos la decoración. Y la escalera de caracol, que seguro que ni cansa.

Dos estrellas. O casi.

Sobre ‘Frantz’

Frantz
François Ozon
Francia, 2016

Hay quien cree que hay vida después del amor, como la hay bajo las ruinas de una guerra. Ozon está convencido. Por eso nos engaña tan bien.

Tres estrellas de diez puntas.

Sobre ‘Primer amor’

Primer amor
Mia Hansen-Løve
Francia, 2011

Hansen-Løve ama el cine con pasión y sin ambición. Su primer amor no es el último y sí para siempre. Un reflejo temprano de la juventud posmilénica.

Tres estrellas.

Sobre ‘La isla de Bergman’

La isla de Bergman
Mia Hansen-Løve
Francia, Bélgica, Suecia, Alemania, México, Brasil, 2021

Un homenaje al director desde la ridiculización de los productos derivados, efectos secundarios, síndromes postraumáticos y otras secuelas de la Factoría Bergman.

Tres estrellas.

El primer día de cole

El primer día de cole tras las vacaciones de Navidad muchos vestían ropa sin rodilleras venidas a menos ni pelotillas venidas a más, otros estrenaban deportivas de un blanco irreprochable que frotaban con el dedo mojado en saliva al menor desperfecto, y algunos ambas cosas. No más de tres conseguían el permiso de mamá para llevar el walkman de importación que había comprado papá, pero ninguno lo usaba para evitar gastar las pilas. Y sólo Macarena prestaba -para no más de una vida, pero entera- la maquinita de doble pantalla con los botones aún firmes como pezones.

En aquellos años la alegría y su tristeza duraban lo mismo que tarda lo nuevo en rendirse.

Obituario a Javier Krahe

Frente a mí la botella de agua medio llena de la que Krahe bebió durante su último concierto aquí. Me hice de ella con la fantasía de clonarle, y así se lo comuniqué a 18 Chulos Records a través de un correo electrónico que nadie respondió. Sé que hoy me estarán buscando como locas y que yo no les daré ni gota de la botella de agua medio vacía de la que Krahe bebió durante su último concierto aquí. Porque desde hoy también podrían clonarme a mí.

¡Salud!

Ayer me escribió María

Ella y yo sabemos que engañarse es una forma de sobrevivir.

Me contó que su hija mayor descansa unos días en Tarifa, y que teme con alegría que el levante termine de arrancarle la mirada que se pierde con su edad. Manolo –nunca me gustó ese nombre para aquel encanto, quizás porque así también se llamaba su padre– pasa las vacaciones en Le Chambon con la familia de su exnovia –francesa como una francesa, además de guapa–. Y los más pequeños, Dolores y Ventura –terminaba así María de pasar lista– siguen arrastrándose por el suelo: la tercera intentando averiguar cómo se puede ser mayor y pequeña a la vez; y el último, tozudo como una cría, empeñado en salvar de la crisis las empresas de la vida. Amanecerán en casa de sus abuelos –me aclaraba con letra de madre, para justificar, como si falta hiciera, que estuviera escribiéndome en las horas más negras–. Entre líneas me había dejado pensando en los que no tuvimos. María se despidió, como suele, urgente, cómica y única: no quiero que la luz, antes que los rayos de mis dedos, entre a hacerme el amor sin miedo a más hijos.

Invitado quedé a responderle.