Fernando Francés, no te vayas, quédate

Fernando Francés, no te vayas, quédate:

La escena política nos tiene acostumbrados a personajes aparentemente discretos, prudentes, correctos, solícitos y amigos de sus amigos. Pero la común y sospechosa habilidad que les une de saber decir en cada momento lo que se quiere oír, descubre lo que son: seres anodinos, pusilánimes, hipócritas, oportunistas y, efectivamente, sólo amigos de sus amigos. En definitiva, una pandilla de suavones sin más logros que los fracasos de sus adversarios.

Fernando Francés (Torrelavega, 1961), el todavía director de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales y secretario de Innovación Cultural y Museos de la Junta de Andalucía, no es nada de eso: desconoce la discreción y se quiere lo suficiente como para no renunciar a sus defectos; no es prudente ni cobarde, más bien temerario e invasivo; sus formas llegan a ser toscas como las del corgi más joven de Buckingham; en vez de esperar su oportunidad, corre hacia las que se inventa; y muy probablemente no tenga ni muchos ni buenos amigos. La persona que ha conseguido que en Andalucía se hable de arte contemporáneo – lo cual no es decir demasiado- es algo bastante peor que la mayoría de los peleles que habitan las instituciones públicas: Fernando Francés es un hombre de negocios (a quien parece ser que le gusta el arte). Es decir, alguien que habla con soltura el innoble lenguaje del capitalismo (del que todos con mayor o menor disimulo nos beneficiamos) y que no le basta con practicarlo en la intimidad, sino que, con el furor y sin el recato de un novillero viejo, lo airea allí donde va.

Pero ¿no es de «capitalismo» de lo que adolece el arte en Andalucía? ¿No es la falta de mercado la gran queja de quien quiere vivir del arte? ¿No es la escasez de demanda la que ahoga al artista que además de crear persigue vender lo que produce? ¿No es negocio lo que urge?

Reconocer esta debilidad mercantil afea sin duda la esencia del arte, y superarla con cierto decoro no es tarea fácil para quien persigue precisamente escapar de lo mundano. Hay quien la reconoce a la par que la evita, posibilidad reservada tradicionalmente a un grupo de acomodados, y a otro, más reducido, de artistas dispuestos a gastar todas sus vidas en la quimera de encontrar lo que buscan, sabedores de que ningún romántico murió con dinero en los bolsillos. Pero negarla sin más es esconder a un muerto debajo de una alfombra. ¿Cuánta más precariedad hace falta para descartar la beca, el concurso, la ayuda y otras mordazas para artistas siempre emergentes, como modelo de desarrollo de un sector, en Andalucía, tan productivo como pobre? Los artistas que quieran profesionalizarse —por necesidad, afán económico o antojo— necesitan consumidores. Así funciona el comercio. Sin embargo, las políticas culturales ejecutadas hasta la fecha sólo han dado palmadas, palmaditas, turistas y selfies.

Fernando Francés —«el cántabro» para los enemigos— era y es, a falta de alguien mejor, la pequeña posibilidad de dinamizar la estructura cultural andaluza desde una perspectiva de negocio, para favorecer la creación y el desarrollo de un nuevo mercado del arte integrado en el día a día de los ciudadanos como consumidores. Una fea tarea que, afortunadamente, no es incompatible con el fomento del arte atendiendo a otros criterios —históricos, sociales, técnicos o estéticos— más elevados, pero no tan urgentes como los relacionados con la propia subsistencia de los protagonistas vivos de la cultura que todos disfrutamos.

Sin embargo, hemos quemado a nuestro hombre, y hay que reconocer que sin su inestimable ayuda hubiese sido imposible: como si de un ejército de Fernandos Franceses se tratara, ha invadido cuantos espacios ha querido sin apenas resistencia; en demasiados ha entrado hasta la cocina, y ha acabado cocinando para quienes calcularon que el pan de hoy podría quitarles el hambre de mañana; después ha tratado de cambiar las cerraduras de sus conquistas para entrar y salir con pocas explicaciones; y aún no conforme, nuestro hombre ha dejado un amplio registro gráfico de sus hazañas y empresas, ocupando el epicentro de cada foto disparada en sus incontables batallas. Sin duda, su exposición ha sido de tal magnitud que ha eclipsado a todas las demás. Por su parte, los artistas —unos convencidísimos de cada sospecha, otros abducidos por la posibilidad, y todos desbordados por lo excepcional—, se han creído en la obligación de echar leña al fuego, posicionándose a favor —los menos escrupulosos— o en contra —los más aprensivos— de las flaquezas, virtudes y otras conjeturas de alguien que no deja de ser una pieza más -poco estética pero necesaria- dentro del sector. Ni «el culpable de todas las penas» de esa España aconfesional a la que tanto le gusta la moralina, ni el nuevo Mesías para quienes anhelan la tierra prometida. Tanto más pequeño cuanto más alta la mirada.

En suma, sugiero contextualizar, entender y aceptar el papel de cada actor implicado en la realidad del arte, en base a las circunstancias, recursos y necesidades del momento que vivimos. La coordinación, o al menos el respeto, entre todos los planos —más y menos bellos— es esencial para el completo desarrollo del sector. A los políticos les pido sólo que intenten no molestar. Ojalá el quemado Fernando Francés tenga una pronta recuperación; si está a tiempo de retirar su dimisión, que lo haga: marcharse no es más digno que resistir defendiendo una verdad (si se tiene). Y a los ARTISTAS —la única evidencia real de vida en la Tierra— os deseo lo mejor, es decir, que sin comprarlo os toque a todos un cupón.

París, 12 de agosto de 2019

PS. Este artículo no se complementó con la replica a Elena Vozmediano, la única persona que se ha atrevido a informar con seriedad y todo el rigor posible sobre las andanzas de Fernando Francés. Concretamente no respondo al artículo titulado «Aceleradores de incendios» —quizá el más personal y menos periodístico de su serie— para señalar la inconsistencia de fondo de la recopilación de argumentos que pretenden justificar el deseado cese de «el cántabro».

 


Título: Fernando Francés no te vayas quédate
Serie: –
Colección: Change.org
Año: 2016

Visibilidad:
· Change.org: Fernando Francés no te vayas quédate

Referencias:
· El Mundo: Aceleradores de incendios (Elena Vozmediano)

Publicado por

i@manuelmanolo.com

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